Jun
¿De qué es que nos tenemos que liberar?
Posted in Uncategorized | No Comments »En un diálogo reciente sobre metodologías liberadoras en movimientos sociales, la compañera María Reinat Pumarejo, co-fundadora de ilé: Organizadoras/es para la Conciencia-en-Acción, planteaba la importancia de estas metodologías para la organización comunitaria y el trabajo de justicia social. Preguntaba ella a modo de iniciar la conversación —¿Para qué necesitamos una metodología liberadora? ¿De qué es que nos tenemos que liberar?
De ahí suscitó una serie de contestaciones y, por supuesto, de debates entre las personas allí, todas favorecedoras de procesos emancipadores ante las realidades opresivas que, reconocíamos, nos asechan. Resultó muy interesante observar que en sus respuestas nadie se aventuró a contestar la segunda parte de la pregunta. Por lo menos, no directamente, aunque en sus respuestas—palabras, tonos, gestos, actitudes y estilos de comunicación e interacción social—dejaban ver claramente sus respectivos lentes ideológicos, sus diversas identidades sociales y donde se ubicaba cada cual en la jerarquía de poder en nuestra sociedad puertorriqueña.
Pero, esta segunda parte de la pregunta—¿de qué, precisamente, es de lo que nos tenemos que liberar?—es una pregunta necesaria, vital, indispensable para los/las que aspiramos a la libertad del ser humano. En el Puerto Rico de hoy, dada la gran diversidad en el pensamiento político y la espantosa fragmentación en el quehacer hacia el cambio en los movimientos sociales del país, aun dentro de la llamada izquierda, el plantearse esta pregunta es particularmente fundamental y urgente.
Ciertamente, en el trabajo de conciencia-en-acción de ilé entendemos que es clave contestarla. Para propósitos de este escrito, me dirigiré a esta pregunta central—¿De qué es que nos tenemos que liberar?—a través de una explicación breve de lo que es conciencia-en-acción como fuerza que impulsa y visión que guía nuestro trabajo.
Conciencia-en-acción puede definirse como un enfoque integral de liberación transformativa.
Usar el término conciencia-en-acción y estos otros para definirlo, resulta un tanto retador, ya que a muchos/as les podrían parecer demasiados familiares, conocidos, hasta trillados. Passé. Un tanto fácil de pasar por alto, creyendo uno que entiende lo que significan y, más aun, que sabe como aplicarlos, como vivirlos. Pero entendiendo que en la lucha por la liberación es necesario el retomar y, a menudo, rescatar el lenguaje para darle nuevo vigor, asumimos el reto.
Por supuesto, en el proceso reconocemos nuestra inspiración en el concepto concienciación, y más allá, en el trabajo perdurable del maestro Freire. Igualmente, le reconocemos la labor indispensable a las generaciones de luchadores/as alrededor del mundo comprometidos/as a crear conciencia crítica en sus pueblos. Precisamente, en honor a ellos y ellas, nos atrevemos a reconceptualizar el término para darle énfasis necesario a la conciencia y hacer explícita a la acción implícita en la pedagogía freiriana.
Al mismo tiempo, nos atrevemos incluir definiciones y dimensiones más amplias de la conciencia y sugerir esferas de acción más expansivas de lo que típicamente puede entenderse como áreas de lucha hacia la liberación.
Es en este contexto y con estos propósitos que definimos conciencia-en-acción como un enfoque integral de liberación transformativa.
Conciencia-en-acción es un enfoque de trabajo, unos lentes a la vida, una orientación al mundo y a la humanidad. Es una perspectiva, o mejor, múltiples perspectivas simultáneas. Más que teoría, conciencia-en-acción es un marco conceptual, un paradigma alternativo que incluye pero trasciende paradigmas anteriores, para percibir, reconocer, entender y responder a la realidad. Más que metodología, conciencia-en-acción es proceso dinámico, taller de cambio, desde donde surgen prácticas y disciplinas para el crecimiento y desarrollo, tácticas y estrategias apropiadas a los contextos, a las causas y a las identidades, esfuerzos dirigidos hacia visiones de futuro. Más que ideología, conciencia-en-acción es filosofía de vida, ética que rige relaciones, principios que informan acciones y visiones, altos valores y referentes que permiten evaluar intenciones y propósitos hacia el bienestar y desarrollo.
Conciencia-en-acción es un enfoque integral en que fomenta la habilidad de percibir múltiples aspectos y dimensiones de la vida que co-existen y de verlas desde diferentes perspectivas para así responder efectivamente a las realidades en su amplitud y en su profundidad. Es integral en que exige la capacidad de conceptualizar las realidades desde esta gran complejidad, de apreciar el valor relativo de cosas particulares, así como la necesidad de encontrar el valor absoluto en la unidad de toda la existencia. Es integral en que reconoce y asigna valor tanto a lo individual como a lo colectivo, a lo interior como a lo exterior, a lo sujetivo como a lo objetivo, a lo personal como a lo institucional—y la relación dinámica, no-lineal, enREDada, entre todo. Es integral en relación al tiempo, capaz de percibir, reconocer y comprender la continuidad en lo que llamamos pasado, presente y futuro, saber que las causas históricas de los eventos de hoy están sujetas a cambio—¡ahora mismo!—aunque sus efectos para (re)establecer el bienestar y el pleno desarrollo humano estén aun por verse.
Por eso es que la conciencia-en-acción es un enfoque integral de liberación: percibe, reconoce y entiende que el legado de la opresión y su presencia persistente en las instituciones y en nuestras psiquis continúa siendo el mayor obstáculo a nuestro bienestar integral y pleno desarrollo hoy. Desde la conciencia-en-acción se percibe, reconoce y entiende que es indispensable desarrollar una capacidad de análisis crítico antiopresivo, o sea una conciencia crítica ante las opresiones. De esta manera la conciencia crítica y la voluntad fuerte, ágil y disciplinada nos permite expresar nuestro poder auténtico para responder—más allá de meras reacciones—hacia la visión liberadora. Hace posible acciones apropiadas liberadas ya de la cultura de dominación e imposición en cual hemos sido efectivamente socializados, cultura en la que, sin conciencia-en-acción, nos mantenemos destinados a fielmente reproducir innumerables prejuicios—aun aquellos prejuicios que presumen nuestra propia inferioridad o que, en alguna medida, se nos otorgan privilegios y poder relativo.
Puerto Rico, como todos los pueblos americanos, nace y surge a raíz del colonialismo, procesos paralelos de: invasión y ocupación militar; establecimiento e imposición de instituciones por los pobladores europeos; apropiación, extracción y exportación de riquezas (incluyendo alimentos y conocimientos); exterminio de poblaciones indígenas; secuestro, trasiego y reubicación forzosa masiva de africanos y; creación del capitalismo esclavista transcontinental como modelo económico. El sistema de valores, las costumbres, las ideologías, conceptos de lo divino, formas de construir conocimiento, sentido de lógica—en fin, la cultura dominante—que tras cuatrocientos años de imposición dio forma a lo que vino a ser nuestra propia cultura “autóctona,” es fundamentalmente colonial y eurocéntrica. Ésta, a su vez, ha sido complementada y reforzada por la cultura dominante, igualmente eurocéntrica y globalizante, de los que han continuado el proyecto colonial aquí por los últimos 111 años.
Es relativamente fácil para los que entendemos este medio-milenario proyecto colonial dirigir nuestros esfuerzos hacia la liberación nacional, aunque ya vemos las enormes diferencias de análisis histórico y visiones futuras entre los llamados “anticolonialistas” que recoge tanto a independentistas y soberanistas como a anexionistas. Pero, bien sabemos que aun entre independentistas hay diferencias que parecerían ser irreconciliables que impiden siquiera la solidaridad funcional hacia la meta compartida de esa liberación nacional.
Al mismo tiempo, hay otros movimientos sociales, otras luchas de “liberación” que se están dando a través de nuestra sociedad: la de equidad de género y contra la violencia hacia la mujer; la de los derechos de los/las trabajadores/as, de la comunidad GLBTT y de las personas con impedimentos; la de los defensores del patrimonio nacional y el medioambiente; los movimientos antirracista y antimilitarista; de los que luchan contra el abuso de menores y mayores, las comunidades marginadas y grupos desamparados de nuestra sociedad.
Pero si todos/as luchamos contra las diversas opresiones de forma separada, de manera aislada, sin análisis en común, sin lenguaje compartido y sin visiones compatibles: ¿estamos realmente luchando por la liberación de nuestra sociedad? ¿O estamos luchando por nuestras causas particulares? ¿O quizás por la liberación parcial de uno que otro de nuestros múltiples grupos de identidad social que vive subordinada a algún opresor (tal vez miembro de nuestra misma familia)? ¿Acaso luchamos los dominantes—sí, nosotros/as los que gozamos de privilegios relativos y de acceso al poder institucional—para la equidad de todos/as y la eliminación de esos privilegios? ¿Acaso no somos nosotros/as mismos/as, personalmente, aunque en diferentes contextos sociales, tanto oprimidos como opresores?
Si es así, pues: ¿De qué es de lo que nos tenemos que liberar?
¿Y en el proceso de hacer la lucha, nos preparamos realmente para examinar, entender y superar nuestro endoctrinamiento en nuestra propia “cultura de dominación” en la que fuimos socializados/as o la replicamos inconcientemente? ¿Tenemos intención programática—o siquiera personal—el hacerlo? ¿Es nuestra propia liberación de esta opresión internalizada parte integral, intrínseca, de nuestros proyectos de lucha por la liberación?
De nuevo la pregunta: ¿De qué es que nos tenemos que liberar?
Desde la conciencia-en-acción entendemos que necesario liberarnos de la opresión en todas sus manifestaciones. No solo de separarnos, distanciarnos o desligarnos de un gobierno imperial y sus aparatos judiciales-policíacos-militares represivos, o de redefinir nuestra relación con un sistema económico globalizado que nos quita capacidad de dirigir nuestros propios procesos de bienestar y desarrollo colectivo. Más allá de liberarnos de las instituciones coloniales que nos oprimen, es necesario liberarnos de esta cultura de opresión que hemos internalizado psicológicamente a lo largo de múltiples generaciones colonizadas. Tenemos que liberarnos, simultáneamente, de las fuerzas externas que nos oprimen y de estas fuerzas internas que, de forma inconsciente, nos hace reproducir la colonia y que, en el proceso, nos hace sabotear nuestros esfuerzos de liberación. Tenemos que liberarnos ya de esta opresión internalizada, de la cultura de dominación dentro de nosotros/as mismos/as.
Claro, no somos los primeros (ni los últimos) en plantear esta necesidad. Desde Fanon, Memmi, Freire y Martín Baró, entre ilustres de aquí mismo, se ha examinado el impacto negativo del colonialismo en la autoconcepción, autoestima y capacidad de agencia de los seres y los pueblos colonizados. Lamentablemente, a pesar de la seriedad del planteamiento, proyectos para esta liberación de conciencia han tendido a enfocar muy estrechamente en el desarrollo de una conciencia política anticolonial y/o económica anticapitalista sin necesariamente examinar como la colonialidad—la cultura de imposición—la reproducimos también en los ámbitos sociales y culturales en nuestras vidas cotidianas y en nuestras luchas.
¿Pero si nos tenemos que liberar de nosotros/as mismos/as, quiénes quedan para construir el Puerto Rico posible? De aquí es que entendemos que necesitamos un proceso de liberación transformativa. Más que procesos revolucionarios que buscan invertir el orden del poder (ejemplificado por la consigna “¡Arriba los de abajo!”), desde la conciencia-en-acción emprendemos procesos de transformación que nos liberan de la opresión mientras creamos alternativas que apoyan cambio integral verdaderamente radical, fundamental, de raíz.
El proyecto de conciencia-en-acción de liberación transformativa integral propone un análisis crítico exhaustivo de lo que es la conciencia colonizada, la internalización psicológica y la reproducción sociológica de la cultura eurocéntrica de imposición que permite su perpetuación en todas las instituciones políticas, económicas, sociales y culturales, en todas las interacciones interpersonales, en todas las relaciones intergrupales que definen nuestra realidad cotidiana.
En este proceso, se examinan características específicas que informan la cultura eurocéntrica dominante en Puerto Rico y en las Américas, características que a menudo aceptamos como válidas y normativas. Entre ellas:
• la concepción materialista, objetiva o “científica” de la realidad
• la fragmentación de la realidad
• el pensamiento lineal (ej., la concepción del tiempo, la noción del progreso)
• la lógica dicótoma (ej., el debate de opuestos)
• el ordenamiento jerárquico de valores (y de objetos según su valor asignado)
• el lugar privilegiado del hombre en ese orden
• el proceso de racialización de los seres humanos (con los blancos de ascendencia europea como modelos de la humanidad y la Divinidad)
• el control, el dominio y la imposición como estrategias preferenciales de sobrevivencia (y la justificación de la violencia como opción aceptable)
La cultura de imposición se examina en el contexto de analizar nuestras múltiples identidades sociales forjadas dentro de los diversos ámbitos de poder. También se consideran procesos de desarrollo psicosocial personal y grupal, liderazgo transformativo integral y sus aplicaciones a la organización comunitaria y a la transformación organizacional.
Este proyecto transformativo envuelve procesos de síntesis, la creación de nuevas condiciones y realidades, internas y externas, a base de lo mejor de dos o más opciones presentes. Envuelve la capacidad de trascender: de incluir lo previo, y de superarlo. No podemos negar quienes somos, de donde venimos; no hay por qué intentar hacerlo. Somos plenamente capaces de identificar y nutrir aquellos aspectos positivos de nuestra presente condición mientras buscamos las riquezas en la complejidad, en la diversidad, en nuestras propias contradicciones — siempre apuntando a forjar una realidad libre de dinámicas de opresión de cualquier tipo: ni colonial, de género, racial, sexual, de clase ni de otra índole.
Desde la conciencia-en-acción entendemos que la liberación transformativa no es una posición ideológica, mucho menos partidista; entendemos que la libertad es condición necesaria porque es prerrequisito para el bienestar integral y pleno desarrollo del ser humano, al nivel tanto personal como colectivo, en balance, en armonía y en ritmo con su medioambiente (y con otras dimensiones). Al mismo tiempo, entendemos que podemos transformar esta realidad opresiva y movernos hacia nuestra visión de futuro. Más aun, entendemos que nos liberamos y nos transformamos—conciente e intencionalmente—en el proceso de ir creando el futuro ahora.
Estos últimos meses han sido de lo más interesantes. He estado conociendo gente, haciendo nuevas amistades, reconectándome con personas a quienes hacía tiempo no veía, viendo como el trabajo de conciencia-en-acción va extendiéndose alrededor del mundo. Bueno, casi. Por lo menos, en cierto sentido, ya que he estado conversando y relacionándome con colegas y co-conspiradores desde aquí en Cayey, San Juan, Trujillo Alto y Luquillo (Puerto Rico) hasta Hawaii, Florida, Carolina del Norte, Massachusetts y Washington DC (EEUU), Vancouver (Canadá), Ciudad Panamá, Salvador (Brazil), Palmela (Portugal), Copenhagen (Dinamarca) y St. Petersburg (Rusia). Y eso no incluye el contacto via la nube cibernética con las muchas nuevas “amistades” de otros lugares en Latinoamérica, los Estados Unidos, Europa y en el Caribe que que se han unido al

